Cocemfe Ciudad Real

La figura de los 'acompañantes íntimos' para personas con discapacidad física

Todas las personas tenemos derecho a la expresión de nuestra erótica, a compartirla y disfrutarla. Y ahí radica el papel de los asistentes sexuales

La diversidad está presente en la naturaleza. Y los humanos, siendo iguales en algunas cuestiones y similares en muchas otras, somos únicos con capacidades muy diversas. Hasta nuestra propia vida presenta diversidad funcional y fluctúa desde que nacemos hasta que morimos. También nuestra sexualidad. A lo lago de nuestra historia se construyen nuevos deseos, afectos y placeres, destruyéndose otros. Además, conscientes o no, utilizamos las diferentes funciones sexuales para satisfacer distintas áreas de nuestra vida, pues la sexualidad tampoco tiene una única funcionalidad, sino infinitas, tantas como personas y momentos vitales de estas. Por placer, reproducción, compañía, diversión, comunicación, deseo, emoción, cuerpo, calor, amor, activación, salud, poder, aburrimiento, mente, celebración, erótica, competición, creatividad, energías, compartir, deporte, porque sí...¿por qué no?

Somos seres diversos, de ahí nuestra riqueza. Sería horrible encontrarme cada día gente como yo. Aunque me considere una persona estupenda pero, ¿sobre qué hablaríamos si tenemos la misma opinión y conocemos lo mismo? Nada que enseñar ni aprender. Un rollo. No sumaría.

Bajo el paraguas de la normalidad se esconde la diversidad disfrazada. A veces es la mayoría la que marca la norma, otras el carisma de quién arrastra a las masas, y nos dejamos. Nos gusta pertenecer al grupo mejor tratado, ser los privilegiados, porque al resto, se les quitan derechos, como los sexuales.

Sin embargo, al igual que cada cual posee sus fortalezas, todas las personas somos discapacitadas en algo, pero eso no nos quita el derecho a desarrollarnos y disfrutar todas las áreas de nuestra vida, como queramos o podamos, sintiéndonos arropados por nuestros iguales, tan diferentes.

Porque luego resulta que nos gusta lo exótico, pero con matices, pues lo diferente no. Lo diferente nos genera rechazo o temor. No nos ha enseñado que todo suma, incluso la diferencia.

Diversidad funcional

Este vocablo se comenzó a utilizar en 2005 por iniciativa de personas afectadas y su entorno, como alternativa a término 'discapacidad' o 'minusvalía', por considerarse peyorativo y despectivo en varios contextos, aunque los sigamos utilizando, no siempre con carácter negativo.

Es necesario determinar qué grado de diversidad funcional tenemos, no para discriminar, sino para tomar medidas y ver cuándo hay que proporcionar servicios adicionales para que las personas puedan desarrollarse en cada una de las áreas de la vida, tanto en las necesidades básicas de supervivencia como en las afectivas y sexuales. No olvidemos que, como nosotros, todas las personas no sólo quieren sobrevivir sino, vivir con calidad y disfrutar la vida.

Charo Ricart , médico y sexóloga, con una discapacidad del 65%, lo tuvo muy claro. Aunque asegura que ella nunca tuvo problemas para relacionarse, conocía las carencias de otras personas con dificultades afectivas y sexuales adicionales debidas a su grado de diversidad funcional, y se lanzó a crear en Valencia un centro de desarrollo sexual Sexualidad Funcional. Este centro inclusivo, pues ofrece educación, formación y terapia sexual a todas las personas que lo deseen, está especializado en personas con diversidad funcional, sus familiares y entorno y en profesionales.

Imagine que, por ejemplo, a su timidez se le une una movilidad reducida, como una silla de ruedas, que directamente le hace estar físicamente por debajo de los demás y esto dificulta poder hablar en un bar, o incluso entrar a ese bar. Sin duda sus posibilidades de ligar o tener una pareja podrían reducirse bastante. Más aún cuando ni siquiera puede sujetar la copa o un libro, si le gusta más conocer gente en bibliotecas. Incluso con desparpajo y buena maña, por probabilidad, podría generar rechazo en el otro, por el simple hecho de no poder moverse como él o ella. Esto podría conllevar el desplome de la autoestima pero además, que la persona crea que todo eso está prohibido para ella, generando la sensación de discapacidad real o minusvalía que le transmite el entorno.

Todas las personas tenemos derecho a la expresión de nuestra erótica, a compartirla y disfrutarla. Y ahí radica el papel de los asistentes sexuales, como Dimitri Zorzos, socio de Charo en el centro valenciano, que se identifica más con el término 'acompañante íntimo'. Formado en muy diversas técnicas y terapias, para ofrecer el mejor servicio profesional y humano, asegura que su labor no consiste en un acto de caridad, como algunos piensan, sino todo lo contrario. "Se trata de hacer posible que se respeten los derechos humanos y sexuales de todas las personas que lo necesiten", asegura. Pero no sólo se basa en la necesidad sexual genital de las personas con diversidad funcional, "este acompañamiento consiste en dar la posibilidad de tener una cita con alguien que le acepta y no solo no siente rechazo, sino que le siente una persona más", explica. "Se podrá tener más o menos química, pudiendo así avanzar el afecto o relación sexual entre ellos, o no, siempre de manera consensuada por ambas partes. Ahí nadie hace nada sin desearlo", matiza.

La sociedad necesita asistencia

A la mayoría no nos han educado para que una persona en silla de ruedas nos atraiga o resulte erótica, cuando nosotros paseamos sobre nuestras piernas, o que deseemos emparejarnos con la que no puede mover sus brazos y manos para acariciarnos.

La filósofa, sexóloga y activista en el 'Movimiento de Vida Independiente' Soledad Arnau, con una discapacidad funcional física, reivindica el derecho a la diversidad y trabaja para que se rompan los tópicos y prejuicios sobre el sexo y las personas con discapacidad. "Necesitamos apoyo, en mi caso la asistencia personal es evidente, pero también la sexualidad es un derecho humano y por extensión lo es la figura laboral de la asistencia sexual", defiende Arnau.

Sin embargo, "una cosa es que necesitemos mantener relaciones sexuales y otra muy diferente que se cree una figura específica o una realidad especial para personas como yo. Y añade, "Si la sociedad interpreta que somos especiales nos aparta de su realidad".

"Si ya existen figuras que asisten sexualmente a todas las personas que así lo estimen o éticamente se lo permitan, y si yo quiero pagar por ello, no considero necesario crear otra figura solo para nosotros, por considerarnos especiales", afirma. "Habría que facilitar nuestra socialización, desinstitucionalizar a las personas para que puedan convivir unas con otras, de manera que la gente que dice que es 'normal' se relacione de manera natural con la gente que entiende que es diferente", añade la experta.

La educación inclusiva es la clave, señala, donde las personas con diversidad funcional no tengan que ir a colegios especiales. "Habría que trabajar el enfoque de derechos humanos en las políticas sociales y no el enfoque predominante asistencialista y caritativo que actualmente existe en España", reclama. "Así podríamos transmitir que nuestra sexualidad puede ser igualmente buena y placentera".

Desde mi punto de vista, argumenta Arnau, "si existe la asistencia sexual específica para personas con diversidad funcional es que el mundo está fracasando."

http://www.elmundo.es/vida-sana/sexo/2018/03/10/5aa158a1e5fdea9e238b466e.html

2017, Cocemfe Ciudad Real

Sitio web actualizado por Miguel Ángel Martín