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En España hay más de 100.000 niños con una discapacidad provocada por el dolor

La Cátedra de Dolor Infantil Universitat Rovira i Virgili-Fundación Grünenthal, el Hospital Universitario La Paz de Madrid, así como el grupo de trabajo sobre dolor infantil de la Sociedad Española del Dolor (SED), han organizado la II Jornada Nacional sobre Dolor Infantil, en la que se actualizaron conocimientos sobre una problemática que produce discapacidad en más de 100.000 niños en España.

ctora general de Calidad y Cohesión de Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación del Ministerio de Sanidad, Paloma Casado; la presidenta de la Asociación Española de Pediatría (AEP), la doctora María José Mellado; y facultativos como los doctores Ernesto Martínez García y Jesús Cebrián Pazos (Hospital Niño Jesús y Hospital Gregorio Marañón, respectivamente) y las doctoras Elena Castarlenas Solé (Universitat Rovira i Virgili de Tarragona) y María Dolores Cárceles Barón (Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia).

Fue Jordi Miró quien expuso, en la primera charla magistral, la situación actual del dolor crónico infantil en España. Así, aseguró que en España son 100.000 los niños con alguna discapacidad derivada del dolor que padecen, cifra que afirmó con la explicación de que era muy conservador calculándola.

Por otro lado, según se planteó en la jornada, el 30 por ciento de los jóvenes padece dolor crónico, especialmente en cabeza, abdomen y extremidades inferiores. Mientras, sólo hay dos unidades dedicadas a abordar el dolor infantil en España, en Madrid y en Valladolid. Por ello, a juicio de Miró, en España “el sistema no está preparado para atender esta demanda”.

Como soluciones a estas carencias, el director del encuentro planteó la necesidad de aumentar la formación y la educación sobre dolor infantil, algo que los propios profesionales demandan; promover y apoyar la investigación, ya que “se investiga poco, aunque es verdad que las investigación que se están llevando a cabo tienen calidad suficiente”; y aportar recursos para poder trasladar todo esto a la práctica clínica.

Para ello, la Fundación Grünenthal puso en marcha una campaña con el título ‘Borremos el dolor‘, una iniciativa “de largo recorrido” que pretende poner en contacto a todos los agentes que participan en el abordaje del dolor infantil para dar respuesta a las necesidades que genera.

María José Mellado expuso, en la siguiente mesa, que al no ser ella “experta en dolor”, cuando se encuentra un caso recurre a un compañero que sí lo es para poder gestionarlo de la mejor manera, algo que ocurre habitualmente en los centros sanitarios. “Mi papel es incidir en los objetivos” ya planteados por Miró, reiteró la presidenta de la AEP, en referencia a la formación, la investigación y la ampliación de recursos. A este respecto, la Asociación que preside ya puso en marcha un grupo de trabajo sobre el dolor que no existía con anterioridad.

 

Jesús Cebrián Pazos abordó “un tema tan complicado” como la valoración del dolor de un niño en la etapa preverbal, aspecto en el que cree necesario “llegar a un consenso” a pesar de ser muy difícil encontrar criterios comunes. Las preguntas que deben hacerse a la hora de evaluar el dolor son, según el anestesiólogo del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, por qué duele, desde cuándo, dónde, qué tipo de dolor y, finalmente, la intensidad.

El autoinforme del paciente sobre su dolor es la herramienta más fiable con la que cuenta un médico, al igual que ocurre con los adultos. Sin embargo, en la etapa preverbal no se tiene esta opción, por lo que hay que recurrir a la observación. En estos casos, debe tenerse en cuenta la edad del niño, sus características socioculturales y el entorno en el que se está haciendo la valoración -no es lo mismo un hospital, que el domicilio, que el colegio-.

Se trata, por tanto, de “interpretar el dolor”, declaró Cebrián Pazos. “No siempre los niños que tienen que manifestar dolor lo manifiestan”, explicó, además de detallar que hay dos tipos de indicadores a la hora de valorar el dolor, los fisiológicos y los conductuales. Así, habrá que tener en cuenta su frecuencia cardíaca, su respiración, la presión arterial, su saturación de oxígeno y su piel, pero también su expresión facial, los movimientos de su cuerpo y su llanto y gemidos.

 

En esta misma línea, Elena Castarlenas recomendó tener en cuenta el componente cognitivo y social del dolor. Hay que identificar factores psicosociales, antecedentes del problema, evaluar los progresos del dolor. “Lo importante es evaluar a la persona y no centrarse exclusivamente en el dolor”, recordó, para después añadir que el dolor infantil “sigue siendo un problema infravalorado y, por tanto, infratratado”.

Además, esta ponente planteó que deben considerarse como factores importantes emociones asociadas al dolor, como la tristeza, la ira, el miedo, la depresión y la ansiedad, además de valorar el sueño, el rendimiento escolar, las relaciones sociales del niño y su funcionamiento familiar.

Si las dificultades en la etapa preverbal son altas, cuando se trata de niños con trastorno del espectro autista (TEA) éstas se complican todavía más. Según María Dolores Cárceles Barón, estos niños tienen una expresión del dolor totalmente diferente. La mayoría no muestran que lo tienen y, por ello, no se trata. “La mayoría nos informan mal”, aseguró la jefa de Sección de Anestesiología Pediátrica del hospital murciano, ya que tienen un procesamiento sensorial completamente distinto.

En muchas ocasiones, se cree que estos niños toleran muy bien el dolor e, incluso, que no lo padecen. Esto es “completamente falso”, según María Dolores Cárceles Barón, que indicó que simplemente no lo expresan, no saben reconocer dónde se está produciendo el dolor y pueden llegar a quedarse inexpresivos o incluso reírse. Sin embargo, según distintos estudios, estos niños pueden llegar a padecer hasta dos o tres veces más dolor que el resto de niños, incluso una vez a la semana o, en caso más graves, a diario.

Actualmente, se está estudiando si las autoagresiones, que son comunes en la conducta de los niños con TEA, pueden ser expresiones del dolor. Así, la anestesióloga recordó que cuando cualquier persona se da un golpe, es recurrente frotar esa zona para enviar estímulos distintos a la médula. En el caso de los niños que padecen autismo, los golpes serían el recurso para enviar estímulos aún más potentes y tratar de disimular la sensación desagradable que no aciertan a situar.

“Sienten dolor por cosas que no sentimos los demás”, agregó Cárceles Barón, que cree fundamental que se enseñe a estos niños, desde muy pequeños, a transmitir y comunicar el dolor. “No nos pueden informar con las escalas habituales”, apuntó, por lo que es necesario comenzar a abordar la situación del dolor infantil en niños con una patología que cada vez tiene una mayor prevalencia.

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